CURRICULUM

FERNANDO LUIS PÉREZ POZA

 

Leer su obra

Pontevedra, 1958

BIOGRAFÍA INFORMAL

FERNANDO LUIS PÉREZ POZA

¿Quién soy? ¿Por qué escribo poesía? ¿Qué busco? Son todas preguntas de muy difícil respuesta. Un día una amiga sicóloga me dijo: Si no fueras persona, ¿qué te gustaría ser?. Y yo respondí: gaviota. Y si no fueras gaviota. Aire, mar, cielo, respondí de nuevo. Y casi sin analizarlo, concluyó: ¿Sabes lo que eres tú?. Pues un soñador.

Ahora pienso que tenía toda la razón. De lo cual me alegro porque me gusta ser así, un Piscis recalcitrante con una malformación congénita incurable: llevar el corazón instalado en el cerebro y unas alas en la imaginación que me hacen volar más allá de muchos horizontes.

Nací un veinticinco de febrero de mil novecientos cincuenta y ocho, en la ciudad gallega y española de Pontevedra. Desde que tuve uso de razón me contaron que en mi familia hubo un gran poeta vanguardista, Manuel Antonio, que mi abuelo era nacionalista gallego e íntimo amigo de Castelao, y que éramos de izquierdas. Tres circunstancias que han influido de una manera extraordinaria en mí.

A los doce años decidí hacerme seminarista para salvar al mundo de morir en pecado. La idea era convertirme en misionero y ser destinado a Nueva Zelanda como tal, pero pronto me di cuenta de que las religiones no sirven nada más que para engendrar odio y guerras, lo que permitió que tanto los papúes como yo nos salváramos de esa fiebre evangelizadora y adolescente.

Después mi vida ha transcurrido por muy distintos, variados y variopintos derroteros. En algunos momentos he ocupado puestos de nombres muy rimbombantes, me he relacionado con personas que ahora son o han sido Presidentes de Gobierno, Ministros, Secretarios de Estado, y un largo etcétera de personajes cuyo contacto me ha servido más que nada para conocer de cerca la esencia más pura de la estupidez humana.

Ahora compagino algunas actividades relacionadas con los movimientos sociales y esta pasión por la literatura, en especial por la poesía, que junto con mi hija María, de dieciséis años, son los ingredientes principales que me motivan para seguir adelante.

Podría pasarme horas hablándoles de mí, de cuando viví en Sevilla y por las noches buscaba ovnis por los campos del Puerto de Santa María. O cuando di la vuelta a Francia en auto-stop con mil doscientas pesetas y al regreso me sobraron ciento sesenta, dinero que gasté en Oviedo invitando a unos franceses a unas botellas de sidra, hace ya veintitantos años. También podría decirles que he cambiado el nacionalismo de mis antepasados por un internacionalismo galopante, aunque desde el más profundo respeto a la diversidad cultural. Pero no llegarían a conocerme tanto como si intentan acercarse a mi alma a través de la lectura de mi poesía.